Fue noticia el acto público que el gobernador del Tolima, Oscar Barreto, organizó para anunciar el nuevo aumento de las transferencias anuales para la Universidad del Tolima, decisión que en los próximos días se legalizará vía ordenanza en la Asamblea departamental.

Aunque el mandatario habría querido hacer un acto más grande y mucho más mediático, como los que acostumbra, se tuvo que conformar con la relativa soledad de su despacho, acompañado del equipo directivo de la universidad, algunos diputados y dos algunos miembros del Consejo Superior de la UT.

 

 

Por ahora, aunque se autoproclama “salvador” del alma mater, Barreto no se atreve a ingresar al campus porque según él “allá todo el mundo me dice que soy de derecha”, y aunque pretendió acompañarse de miembros destacados de la comunidad universitaria, conocimos que le rechazaron la invitación o simplemente no acudieron al evento. 

Independientemente de la intimidad del anuncio, que mojó prensa la semana pasada, Barreto cumplió la promesa que hizo de aumentar el monto de las transferencias por encima del tope de ley, haciendo base presupuestal, y aprovechó para mandar el mensaje de que con él “no es con retórica, es con acciones” y que pese a lo que se diga en el campus, “es el único gobernador que le ha cumplido a la UT”. 

 

 

Barrero tiene razón, pero…

Pagar las transferencias haciendo base presupuestal es un hecho histórico que le reconocen incluso quienes no tienen al gobernador entre sus afectos.

Un ex rector con quien conversamos recordó que no hay cómo obligar a los gobernadores a aportar las transferencias, sino que eso es prácticamente un asunto de voluntad política. Por eso, la decisión del mandatario es importante, “hay una rectificación histórica de Barreto y hay que reconocérsela”, dijo.

 

Y anotó que “esa ordenanza marca un giro, un contraste muy grande, de la política del departamento en relación con la universidad (…) y podría marcar el inicio de una nueva historia con el ejemplo que está dando”.

 

Sin embargo, Barreto no es el único que se ha metido la mano al bolsillo.

Consultando con varias fuentes, aparecieron los nombres de Fernando Espinosa Tovar, liberal, gobernador para 1990 – 1991, y de Guillermo Alfonso Jaramillo, gobernador por el Polo Democrático durante el periodo 2000 – 2003.

Jaramillo, actual alcalde de Ibagué y alter ego de Barreto, no solo pagó lo correspondiente a las transferencias sino que asumió unas partidas para pagar parte de la deuda histórica del departamento con la universidad. 

Contexto: La guerra por la Universidad del Tolima

En la retina de la comunidad universitaria quedó ese hecho, y la consabida agresividad de Jaramillo, cuando decidió que las partidas que entregaba a la universidad tuvieran destinación específica: “él decía que los profesores se llevaban la universidad a pedazos en la maleta cada día que salían de trabajar, si es que iban a trabajar, entonces para que no se robaran la plata él mismo decidió en qué se invertía”. 

En acuerdo con Jesús Ramón Rivera, rector de entonces, Jaramillo entregó los recursos para que la universidad comprara la “Manga de los burros” en donde actualmente están las facultades. Los estudios y la construcción, para la que también aportó el gobernador, se adelantó con Fonade “para evitar la corrupción”.

A Jaramillo también lo recuerdan porque financió la adquisición de la sede Los Ocobos en el centro de Ibagué.

 

Barreto versus Barreto

Pese a la “rectificación histórica”, en la UT tampoco olvidan el ‘barretismo’ 1.0, entre 2008 y 2012. Según varias fuentes, “el  gobernador Barreto inició una campaña de hostilidades muy fuerte contra el rector. Él no lo botó porque no podía, pero sí le mandó mensajes, empezó a hacer cualquier cantidad de acusaciones contra las directivas, al tanto que le causó un grave desprestigio a la universidad”. 

En esa época, el rector era Jesús Ramón Rivera, quien derrotó al candidato del gobernador para la rectoría, el conservador Pedro Leal. Rivera, de la cuerda de Carlos García Orjuela, finalmente tuvo que renunciar por presión de la comunidad, y quien lo reemplazó en encargatura, el abogado Héctor Villarraga Sarmiento, tampoco fue cercano a Barreto.

Cinco años después, Barreto regresó a la gobernación y un nuevo rector abandonaba el cargo, de nuevo, por presión de la comunidad. Sin embargo, esta vez, el reemplazo de José Herman Muñoz Ñungo sí sería de la vena del gobernador: se trata del abogado Omar Mejía Patiño, recientemente elegido para la rectoría en propiedad.

Contexto: Omar Mejía, el hombre de la fortuna

 

 

“Es el cambio en la rectoría lo que explica el cambio en la actitud del gobernador con respecto a las transferencias, no que tenga un especial interés por la universidad”, nos dijo una de las fuentes que consultamos, para quien “en el fondo, a pesar de sus diferencias, Jaramillo y Barreto son idénticos, no dan un peso sin antes asegurarse de que puedan ganar con ello”. 

Lo anterior, porque durante su primer período como gobernador, Barreto no le giró un solo peso a la UT.

 

Contar el cuento

A la pretensión del ‘barretismo’ 2.0 de hacer “tábula rasa” y de presentarse como la tabla de salvación de la UT, también respondió la Asociación Sindical de Profesores Universitarios, ASPU, que le recordó que los cambios que se han llevado a cabo en la universidad se dieron gracias a la huelga de hambre que puso contra las cuerdas al anterior rector, y que en su pliego de peticiones exigió el aumento de las transferencias.

Contexto: “Volvería a huelga si fuera necesario”: Carlos Gamboa

 

Nuevas transferencias UT

Aumentaremos las transferencias parala Universidad del Tolima en $8.257.339.713 millones. Al inicio del gobierno, las transferencias eran de $3.346.518.621 millones; en el 2019 serán de $8.257.339.713 millones.

Δημοσιεύτηκε από Oscar Barreto Quiroga στις Τρίτη, 10 Ιουλίου 2018

 

“Por último, reivindicamos la huelga de hambre que hace dos años partió en dos la historia de la universidad: estamos convencidos de que gracias a ese gesto heroico por parte de nuestros colegas de ASPU, en unidad con trabajadores, trabajadoras y estudiantes, pudimos superar el fantasma del cierre y de la intervención por ley de quiebras. Y en el marco del periodo de transición que se desprendió de ese proceso, reconocemos la voluntad política del señor gobernador Oscar Barreto Quiroga, de aumentar la base presupuestal de las transferencias que por ley el ente territorial le debe a la universidad, no obstante, le recordamos que su esfuerzo se une a otros tantos por los cuales la universidad hoy se mantiene en pie, y que “(…) la elaboración y aprobación de un proyecto de ordenanza, el cual reconozca el vínculo histórico del departamento con la universidad; y que permita, a su vez, el aumento del aporte de la base presupuestal que anualmente debe realizar la gobernación a favor de la universidad”, fue una de las exigencias consignadas en el pliego de peticiones de la huelga de hambre que sustrajo a la universidad de la crisis.” Señalaron los profesores en su comunicado.

La Pipa conoció que la afirmación del gobernador según la cuál las protestas no le han dejado nada a la universidad, no cayó bien entre los profesores sindicalizados. De acuerdo con uno de los directivos de ASPU, “Barreto desconoce la historia de la UT pero llama la atención que quiera contarla. Se le reconoce el aporte a la universidad, pero en 60 años de luchas y tragedias, su legado es flor de un día.”